Al grano, esta crisis en la que estamos metiditos hasta el corbejon es fruto del instinto de superviviencia de la industria armamentística americana. No creo en la subprimes, no creo en la caída del sistema bancario sin la ayuda del lobby bélico. No creo, resumiendo, en el efecto mariposa.
Me explico. Hemos vivido desde la caída del bloque soviético en una locura colectiva, desmanes sin fin y destrucción de valores morales. Los grandes beneficiados, la decadente sociedad media/alta americana. Si ellos estaban muy bien, nosotros estábamos bien. En la otra parte, los antiguos países presos del telón de acero recogiendo las migajas que estábamos dispuestos a cederles. Con la mirada libidinosa de un ninot en llamas, el gigante ruso seguia recuperándose de su viaje a los infiernos y curándose de sus heridas históricas y financieras.
Cuando todos creíamos en la absoluta desintegración de la sagrada madre rusia, surge del nucleo del KGB un individuo gris y tenebroso con apellido grotesco que encuentra el remedio para todos los males del imperio rojo. Putin administra su petroleo con maestría ajedrecística y aprovecha los atentados del 11 de Septiembre para sacar partido al creciente recelo de la administración Bush sobre sus antiguos aliados árabes. Desde entonces el precio de petroleo ha crecido exponencialmente.
El imperio ruso hoy respira de nuevo con los pulmones curados y el espíritu curtido por los difíciles momentos vividos. El poder militar ruso ha conseguido superar su gravísima crisis de finales de los noventa y de nuevo se ha convertido en uno de los pilares del desarrollo del kremlin. Y todo gracias al incremento del precio del petroleo.
Cuando los estrategas norteamericanos llegaron a entender que Osama Bin Laden solo era un chapucero que tuvo un golpe de suerte al financiar los atentados aéreos del 2001, era demasiado tarde. Su verdadero enemigo global había conseguido sobreponerse a los incontables males que lo asolo desde la caída del sistema comunista. Y todo gracias al incremento del precio del petroleo.
Había que solucionar el problema, y para ello tenían una solución rápida y limpia: hacer bajar el precio del oro negro lo máximo posible. Cayese quien cayese, pasara lo que pasara había que parar el creciente poder del nuevo Vladimir proveniente de las entrañas de la gelida Siberia. La mejor manera que han encontrado es meter a la economía mundial en una recesión brutal para que la demanda energética caiga en picado y de este modo cortar la financiación a los proyectos expansionistas rusos. Si tienes petroleo pero el precio de mercado es bajo, no podras crecer. Nada nuevo, es la misma regla de oro que aplican a los cultivos agricolas de los paises en vias de desarrollo.
Poco importa que decenas de millones de seres humanos pierdan sus empleos o que desaparezcan algunos bancos, el fin justifica los medios desde la visión empresarial de los halcones del pentágono.
La crisis desaparecerá cuando la hegemonía militar yanqui no corra peligro. Como diría el maestro Vazquez-Montalban, “O Cesar, o nada”.
Veremos como acaba la cosa, no siempre se puede vencer cuando has dejado que tu enemigo moribundo vuelva a renacer.
